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Inovación

De la lectura de algunos de los párrafos del libro “La ciencia española entre la polémica y el exilio”-capítulo 7 “¿Hacia dónde va la ciencia?”- del matemático e informático Ernesto García Camarero, entramos en reflexión sobre nuestra trayectoria como proyecto científico, y por eso a continuación os dejamos la extracción literal de algunos párrafos que consideramos resumen muy bien el ecosistema actual, al cuál como promotores de la ciencia nos encontramos cada día:

1- La estructura política, económica, social y cultural de cada país ha influido en el desarrollo de “su ciencia”, bien sea en el planteo de los problemas surgidos de necesidades técnicas, bien sea en la organización de los estudios científicos, o por la libertad de pensamiento que la cultura y la filosofía de cada país hayan permitido.

2-Si desde el siglo XIX la idea de progreso de la Humanidad y el ideal de librepensamiento inspiraban la actividad científica, desde mediados del XX han sido superpuestos y están siendo sustituidos por la idea del enriquecimiento de las corporaciones globales y por la sumisión del pensamiento a una nueva ortodoxia en la que la ciencia es el dogma y las grandes corporaciones sus iglesias.

3-En este escenario apareció el movimiento anticientista, con el objeto de mantener la forma libre de hacer investigación científica, que nunca se debió perder.

4-En la mayor parte de los casos, la motivación de la investigación científica no es ni la dicha de la humanidad, ni la necesidad de la creatividad del investigador, sino que reside en una fuerte obligación social, ya que la publicación de resultados revierte en la propia promoción, en la conservación del empleo, o en la búsqueda de otro mejor.»

5-La ciencia actual sigue la misma estructura centralizada y jerárquica heredada de los años 50, aunque con más cantidad de nuevos y poderosos medios con los que subvencionan la investigación para asegurarse la apropiación de los resultados obtenidos.

6-Actualmente son tiempos de cambio: “…La idea de software libre, realizado mediante cooperación global, se está generalizando a otros dominios de creatividad científica y artística. Por eso la idea del Copyleft o de copia permitida, que surgió vinculada al software, empieza a emplearse también para proteger la libertad de difusión y de modificación de una gran diversidad de obras de otros tipos, como las producidas por el arte y la  ciencia, considerando que la creación y la cultura deben permanecer libres para crecer y desarrollarse adecuadamente.  Pero no es solo la manera de distribuir libremente la información la que nos sirve de nuevo modelo con relación a la producción científica. Analogía no completa, pues es solo un modelo parcial ya que en la investigación científica se necesitan más medios y recursos para realizar sus tareas (especialmente el uso de observatorios y de laboratorios) que los necesarios en la producción de software.

7-Sin embargo y pese a disponer ya de todas estas facilidades, la investigación científica se está haciendo todavía de manera compartimentada por países, en organizaciones jerárquicas, o realizada en grupos estancos, donde prima más la competición que la
colaboración. Las actuales son formas de investigación socialmente caras y poco eficaces y en las que las lineas de investigación son determinadas por pequeños grupos que tienen más en cuenta el lucro privado que el interés general. Además la manera actual de investigar conduce a la formación monopolios de poseedores herméticos del conocimiento científico, con las graves consecuencias que esto podría acarrear a la Humanidad.

8-Aunque en el siglo XXI han cambiado notablemente los medios, procedimientos e infraestructuras que facilitan la investigación científica y su difusión, sin embargo, la tendencia oficial de organización de la investigación científica sigue siendo el mantenimiento de “minorías sabias” (que recuerdan a los primitivos escribas egipcios) a las que se confía el crecimiento y conservación del conocimiento, en la linea del “interés oficial”, integradas en estructuras estrictamente jerárquicas.

Las abejas son uno de los animales más cooperativos de la Tierra. Foto de Natalie Sayin

Las abejas son uno de los animales más cooperativos de la Tierra. Foto de Natalie Sayin

Desde Neuroname siempre hemos apoyado la inovación colaborativa, y sin embargo, nos encontramos que desde la colaboración profesional aún existen grandes barreras.

Quizás, la dejadez y la prórroga en ciertos sectores profesionales con la que nos encontramos, pueda no ser causa de una falta de voluntad sino causa de un sistema  poco preparado organizativamente para que todos nos ocupemos de nuestros quehaceres y a la vez participemos en los de otros. ¿O quizás no?

Se está empezando a extender un nuevo concepto de Internet del que están empezando a aparecer primeras informaciones, pero que algunos expertos ya catalogan como la siguiente era de Internet.

Pero ¿en qué consiste realmente el Internet de las Cosas?. Hoy en día, somos los usuarios los únicos que interactuamos con nuestro ordenador, teléfono o tableta. Pero ¿cómo sería si esa comunicación fuera también entre ellos mismos? Ha llegado el momento de que ciertos procesos se agilicen a través de la comunicación directa entre dispositivos.

Dispositivos conectados con otros dispositivos pueden ayudar a nuestra memoria.

Dispositivos conectados con otros dispositivos pueden ayudar a nuestra memoria.

 

¿Alguna vez se nos ha pasado tomar una medicación? ¿O no encontrábamos las llaves antes de salir de casa? ¿O se nos ha despistado nuestro/a nieto/a cuando hemos ido al parque? Aunque parezca que estos pequeños olvidos o despistes no suponen gran cosa al final del día, se convierten de media en un año de nuestra vida dedicado en exclusiva a este tipo de tareas.

Todos estos problemas podrían empezar a tener una solución. Gracias al Internet de las Cosas, están surgiendo muchos dispositivos (pulseras, relojes, gafas, etc.) que nos ayudan a optimizar nuestro tiempo y nos proveen de información en tiempo real que hasta la fecha no podíamos haber imaginado que tuviéramos al alcance de un click.

Ya no sólo nosotros podremos interactuar con nuestro teléfono o tableta, sino que estos dispositivos pueden hacerlo entre ellos, gestionando más información y optimizando recursos y tiempo.

 

Las nuevas tecnologías continúan avanzando a pasos agigantados e irán apareciendo diferentes sistemas similares con múltiples aplicaciones en campos tan dispares como la sanidad, el turismo o la industria. De este modo, cada vez más elementos complejos se están trasladando a nuestra vida diaria, con el objetivo de simplificar nuestra vida y mejorar el bienestar en todas sus etapas.

Uno de estos sistemas que se encuadran en el Internet de las Cosas es WIMy que, al igual que Neuroname, trata de utilizar la tecnología para hacer más sencillo nuestro día a día. WIMy, consiste en un pequeño dispositivo, poco más grande que una moneda, que a través de una app instalada en nuestro teléfono nos podría avisar antes de que perdamos lo que más queremos o indicarnos dónde se encuentra algún objeto si lo hemos extraviado; o si, por ejemplo, algún amigo o familiar se aleja de nosotros.

Nos ha parecido interesantísima esta propuesta de un equipo de jóvenes emprendedores de Bilbao, y puedes saber más sobre cómo funciona WIMy en los siguientes enlaces (1, 2, 3, 4).

El futuro ya es presente, y es el que nos tocará vivir.

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