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NataliaSotelo Martín

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Resumen
Posee experiencia en dinámicas y talleres grupales en varias áreas, especialmente en talleres de estimulación cognitiva para personas mayores. Especialista en Orientación Psicológica en casos de crisis, ha recibido formación complementaria en distintos ámbitos de la psicología clínica y actualmente colabora en varias investigaciones de la unidad de investigación del departamento de psicología clínica, psicoterapia e intervención psicosocial de la Fundación AIRES.

Artículos escritos:

    En los últimos años se han llevado a cabo varios estudios sobre los efectos de algunos alimentos en el envejecimiento. Algunos expertos recomiendan la dieta mediterránea por su variedad de alimentos al comprobarse sus efectos beneficiosos sobre la salud. La dieta mediterránea ha sido relacionada con la disminución del riesgo de algunas enfermedades crónicas.

    Un equipo de investigadores del Hospital Brigham y de Mujeres en Boston (EE.UU.), ha descubierto que el consumo de manera prolongada de este tipo de alimentación está asociado con telómeros más largos.

    Pero… ¿Qué son los telómeros? Los telómeros son unas estructuras que están situadas en la parte de los extremos de los cromosomas que protegen a las células de nuestro organismo. Estas estructuras se van haciendo más pequeñas a medida que envejece el organismo y su función es proteger el extremo cromosómico para evitar el deterioro celular.

    Foto de Giuseppe Milo (Licencia Creative Commons)

    La dieta mediterránea protege el acortamiento de los telómeros, estructuras cromosómicas ligadas con el envejecimiento. Foto de Giuseppe Milo (Licencia Creative Commons).

    El hecho de que los telómeros se hagan más pequeños se ha asociado con diversas enfermedades relacionadas con el hecho de envejecer, como por ejemplo diversas patologías cardiovasculares, aunque todavía no está del todo claro la función de estas estructuras y su papel dentro de la longevidad humana. Factores como el estrés y la inflamación pueden acelerar la disminución de los telómeros y la dieta mediterránea podría ser un amortiguador de esa aceleración.

    Immaculata De Vivo, autora principal de dicho estudio, sostiene que los resultados obtenidos señalan a la dieta mediterránea como una herramienta de promoción de la salud y la longevidad. Las participantes del estudio fueron  4.676 mujeres sanas a las que se les midió la longitud de sus telómeros y se les realizó un cuestionario sobre su consumo alimentario. Los resultados mostraron que un consumo prolongado de alimentos incluidos en la dieta mediterránea estaba asociado con telómeros más largos.

    El estudio ha sido publicado en la revista British Medical Journal donde Marta Crous-Bou, autora del trabajo sostiene que una alimentación saludable en general está asociado con telómeros más largos, pero es la dieta mediterránea con la que se observa una asociación más fuerte. Es importante que se siga una dieta en su conjunto ya que ninguno de los componentes por separado tuvo efectos en los telómeros.

    Para futuras investigaciones los autores sugieren que se tengan en cuenta las interacciones entre los genes, la dieta y el sexo para observar las variaciones entre los habitos alimentarios y la longitud del telómero. Desde Neuroname os animamos a que incluyáis en vuestros hábitos una dieta saludable como es la mediterránea.

    Como actualmente se sabe la población mayor de 65 años va en aumento y una medida de prevención ante diversas enfermedades podría ser la promoción del “envejecimiento saludable” que cada vez tiene más fuerza en diversas investigaciones de neurociencia. Las evidencias encontradas sugieren que hay tres factores que están incluidos dentro del envejecimiento saludable;  el estilo de vida que tenga una persona dentro de un entorno social, el entrenamiento cognitivo y el ejercicio físico. En la investigación que se describe a continuación se han centrado en el papel del entrenamiento cognitivo, centrando el foco en los factores de logro educativo y ocupacional, que han sido considerados dos de los principales pilares de la reserva cognitiva (RC).

    Dicho estudio realizado por  María. E López, Sara Aurtenetxe, Ernesto Pereda y colaboradores ha sido publicado en la revista Frontiers in Aging Neuroscience. Se seleccionaron  a 21 participantes con edades comprendidas entre los 65 y los 85 años de de edad. Los participantes fueron divididos en dos grupos en función de las puntuaciones que hubieran obtenido en el índice de reserva cognitiva, que se calcula teniendo en cuenta   su nivel educativo y su cualificación laboral. Se consideró que las puntuaciones entre 1 y 5 tenían  un índice de reserva cognitiva bajo (12 participantes) y que las puntuaciones de 6 a 10 correspondían a un índice de reserva cognitiva alto (9 participantes).

    Foto de kayugee (Licencia Creative Commons)

    El estudio confirma que mantener el cerebro activo a lo largo de los años ayuda a tener una vejez más sana. Foto de kayugee (Licencia Creative Commons).

    En ambos grupos se realizó una tarea de memoria que consistía en memorizar 5 letras que aparecían en  una pantalla mientras se medía su actividad cerebral y las señales neuronales a través de una magnetoencefalografía. Mientras se medían sus señales neuronales, los sujetos llevaron a cabo una tarea de memorización de cinco letras aparecidas en una pantalla. En la segunda fase se mostraban  letras de forma individual durante un segundo y tenían que pulsar a un botón con su mano derecha si la letra era o no una de las memorizadas. En total se enseñaron 250 letras siendo la mitad de ellas aprendidas de memoria.

    Los resultados mostraron que los participantes con bajos niveles de reserva cognitiva necesitaron un mayor esfuerzo cerebral que aquellos participantes que tenían un nivel más alto. Este mayor esfuerzo cerebral estaba asociado a una peor eficiencia cognitiva debido a que requería más conexiones cerebrales de las necesarias, es decir más recursos cognitivos para poder realizar una misma tarea. Una mayor eficiencia estaría asociada con un reclutamiento de menos actividad neuronal y por lo tanto menos pérdida de energía, por lo que la red más eficiente sería la que necesita menor sincronización cerebral. Este grupo en concreto mostraba mayor conectividad neuronal en las regiones cerebrales prefrontales y en las regiones posteriores (temporal, parietal y occipital) si eran comparados  con el grupo que mostraba un elevado nivel de reserva cognitiva.

    Una limitación observable del estudio es el tamaño de la muestra, considerado reducido. Por lo que futuros estudios deberían incluir un mayor número de participantes teniendo en cuenta que actualmente hay datos que demuestran la importancia de la reserva cognitiva en el envejecimiento. Desde Neuroname os animamos a utilizar este tipo de estrategias preventivas como es el entrenamiento cognitivo para lograr un envejecimiento saludable.

    Actualmente es conocido que las personas con deterioro cognitivo leve (DCL) pueden tener mayores probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, hay escasez de estudios que proporcionen información sobre los patrones de conectividad funcional para poder distinguir entre pacientes que van a mostrar un deterioro progresivo y pacientes que van a evolucionar de una forma estable.

    Con el objetivo de observar las diferencias en la conectividad funcional, un equipo de investigadores ha estudiado los mecanismos por los que algunos pacientes diagnosticados de deterioro cognitivo leve desarrollan la enfermedad de Alzheimer. El citado estudio ha sido publicado en la revista The journal of neurocience.

    En el estudio, se registró la actividad cerebral de 19 participantes con deterioro cognitivo leve que desarrollaron la enfermedad de Alzheimer en el periodo de un año y 30 participantes con DCL cuyo diagnostico no varió en el año siguiente. No había diferencias de edad, sexo ni nivel educativo. Se utilizaron técnicas de estimación del volumen de sustancia gris y pruebas neuropsicológicas para observar la actividad cerebral de los pacientes con DCL.

    Foto de Xavi Talleda

    La magnetoencefalografía podría ser un biomarcador para determinar la probabilidad de evolución a Alzheimer de pacientes con DCL. Foto de Xavi Talleda.

    Se utilizó la magnetoencefalografía, una técnica no invasiva que captura los campos magnéticos que genera el cerebro para analizar los patrones de actividad cerebral. Los participantes se mantuvieron en estado de reposo mientras se realizaron los registros. Se estimó la sincronización cerebral para determinan la forma en la que distintas regiones cerebrales se comunicaban entre sí.

    Los resultados mostraron que los participantes con DCL con mayor probabilidad de desarrollar Alzheimer en comparación con los DCL que se mantuvieron estables, obtuvieron peores puntuaciones en pruebas de memoria episódica y semántica, y en pruebas de función ejecutiva. Se observó también un menor volumen en la corteza entorrinal izquierda, relacionada con la memoria. Se encontraron diferencias significativas en cinco conexiones entre la corteza cingulada anterior derecha y diversas zonas temporo-occipitales (principalmente en el hemisferio derecho).

    En conclusión, los resultados obtenidos han mostrado que la magnetoencefalografía junto con las pruebas neuropsicológicas y las de sincronización cerebral permitieron clasificar correctamente a los participantes que desarrollarían Alzheimer y a los que no en un 90% de los 49 sujetos de la muestra. Los resultados sugieren que el incremento en la sincronización entre la corteza cingulada anterior y regiones temporo-occipitales derechas puede ser predictivo de cómo una persona con DCL puede llegar a desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

    Hay compañías que tienen  experiencia en productos relacionados con la asistencia sanitaria y la tecnología, aunque  según algunos expertos actualmente la financiación que se le proporciona a este ámbito en concreto es insuficiente debido a los múltiples problemas que padece la población y al ingenio de algunos empresarios sobre las soluciones a esos problemas.

    Actualmente los inversores están apostando por resolver problemas de salud que solucionen la problemática actual a la mayor cantidad posible de personas, como puede ser un proceso de monitorización continua o soluciones para la prevención de la diabetes. Algunos expertos indican que ha habido un claro fracaso en la coordinación de la atención en la salud, ya que el sistema sanitario podría invertir en este aspecto alrededor de 45 billones de dólares. Por lo que podría ser más eficiente invertir más en nuevas tecnologías que faciliten un servicio médico a la población, cubriendo la alta demanda de asistencia y apoyando al servicio médico para evitar la saturación, hecho que mejoraría la vida de ambos (médico –paciente) de manera significativa.

    Foto de jfcherry

    Las nuevas tecnologías podrían ayudar a los profesionales de la salud a gestionar la gran demanda de atención a los pacientes de una forma más personalizada. Foto de jfcherry.

    Algunas empresas están interesadas en financiar nuevos productos de salud con visión de futuro, prediciendo el éxito de los productos para un determinado proveedor, construyendo un plan de empresa estable y combinando los beneficios gracias a un diseño personalizado y distintivo. Un ejemplo de esto, sería el nuevo reloj que ha desarrollado Apple, apostando por la tecnología en salud y con un interfaz de pulsera adecuada al usuario, que podría resolver algunos problemas de salud propios de asistencia sanitaria.

    Según algunos inversores, se están buscando herramientas que sean de utilidad para los profesionales sanitarios, debido a la insatisfacción que han mostrado con el sistema de salud actual. La solución podría ser empezar a resolver los problemas con los que a menudo se encuentran estos profesionales, como por ejemplo, ayudarles a atender la demanda de pacientes gestionando el tiempo para ello sin que se produzca demasiada carga en el profesional, que se encuentra con un mayor número de pacientes y un menor número de tiempo para atenderlos. Esto daría pie a habilitar un cuidado personalizado de la salud en lugar de la simple “atención” al paciente.

    Algunas empresas ya están desarrollando nuevas terapias digitales para la salud, construyendo un software que proporciona un resultado clínico e intentando resolver problemas que afectan a una gran cantidad de población como puede ser la diabetes,  las enfermedades cardiovasculares,  la salud mental, hipertensión, enfermedades respiratorias y enfermedades neurodegenerativas entre otros. Es importante que se sigan protocolos clínicos validados en las aéreas que podrían solucionar una determinada enfermedad.

    En resumen, algunos expertos afirman que las nuevas tecnologías cada vez están más cerca de solucionar problemas que afectan a la población en general, por lo que se debería invertir más en este tipo de solución que mejora la intervención para los pacientes y solucionan algunos problemas con los que se encuentran los profesionales sanitarios, siendo estos mismos en muchas ocasionas los que demandan nuevas herramientas para atender a la demanda en el sistema de salud.

    ¿Es posible la existencia de un pueblo habitado únicamente por personas con demencia? Parece que sí. Hoy vamos a conocer la historia de  Hogewey, un pueblo Holandés en el que todos sus habitantes padecen algún tipo de demencia. En apariencia se trata de una zona residencial normal (con tiendas, lugares de ocio, parques, etc.), pero los 160 habitantes que residen en este pequeño pueblo están acompañados en todo momento por profesionales de la salud, como médicos y enfermeras.

    Estos profesionales se camuflan fingiendo ejercer otras profesiones (camareros, peluqueros, etc.) para conservar el clima residencial y no perturbar a los residentes que padecen de demencia.

    Foto de Petras Gagilas

    Las personas pueden mejorar su calidad de vida con este tipo de tratamientos innovadores. Foto de Petras Gagilas.

    ¿Cómo se hace posible el tratamiento de estas personas que padecen demencia sin que ni siquiera ellas sepan que la padecen?

    Esto es posible porque en realidad Hogewey no es un pueblo sin más, si no que se trata de un hospital al aire libre de unos 16.000 metros cuadrados construido para las personas residentes que padecen cualquier tipo de demencia. Los residentes se sienten más libres y tranquilos llevando este tipo de tratamiento, evitando así el etiquetado de padecer una enfermedad que actualmente no tiene cura.

    Los residentes que habitan en estas viviendas no son conscientes de que están siendo tratados por más de 250 profesionales del ámbito de la salud, todos ellos han sido diagnosticados de demencia y su media de edad es de aproximadamente de 83 años. Las casas son compartidas con más vecinos pero cada uno tiene una habitación individual, contando en todo momento con un cuidador en la vivienda para asegurar su bienestar y su calidad de vida.

    Isabel van Zuthem, colaboradora en la iniciativa, sostiene que Hogewey ofrece muchos beneficios en comparación con los tratamientos en los hospitales  y que los pacientes al encontrarse en un entorno familiar en el que se sienten seguros reducen su ansiedad, mejorando su calidad de vida y promoviendo el envejecimiento activo.

    Foto de Hans Erkelens (Licencia Creative Commons)

    Viven en un entorno parecido al suyo, manteniéndose siempre activos. Foto de Hans Erkelens.

    Los pacientes pueden realizar distintas actividades de ocio como pintura, escritura, cocina, etc, que permiten que se entrenen sus habilidades cognitivas al mismo tiempo que fomenta su autonomía y aumenta su autoestima, invitándoles a realizar actividades cotidianas para que sigan realizando actividades que les resulten agradables. En Hogewey también se realizan fiestas, organizando bailes y espectáculos para los residentes.

    Las viviendas están decoradas de forma que los pacientes conserven su estilo de vida anterior, para que haya la menor confusión posible, por lo que hay viviendas que están decoradas de forma lujosa para los que tenían un alto nivel de vida y otras viviendas más simples tal y como recordaban los pacientes sus propias casas.

    En cifras, este tipo de tratamiento no es apto para todos los bolsillos, debido a que la estancia de cada uno de los residentes cuesta unos 10.000 euros al mes, de los cuales como máximo 4000 euros salen de los bolsillos de los familiares de los pacientes. El resto del costoso tratamiento está financiado con dinero público del gobierno Holandés. Actualmente la lista de espera para acceder a este tipo de servicio es larga y puede durar hasta 5 años hasta que la residencia acepte a un nuevo paciente.

    Los beneficios de este tipo de tratamiento parecen evidentes para los profesionales de la salud, ya que sostienen que los pacientes consumen menos medicación, aumenta su felicidad y autoestima, aumenta su esperanza  de vida  y su calidad de vida  y tienen un mayor rendimiento en pruebas de memoria y lenguaje, especialmente en lo referente a la comunicación. Debido a estos beneficios otros países como Inglaterra o suiza están llevando a cabo iniciativas parecidas.

    Para saber más sobre la iniciativa de Hogewey pinche aquí

    Las benzodiazepinas son medicamentos psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central, y cuyos efectos pueden ser sedantes, hipnóticos, ansiolíticos y amnésicos entre otros. Normalmente se utilizan para el tratamiento de la ansiedad, insomnio y otros estados afectivos.

    Sophie Billioti de Gage, Yola Moride, Thierry Ducruet y colaboradores, han realizado un estudio con el objetivo de investigar los efectos a largo plazo de las benzodiacepinas en tratamientos contra la ansiedad y los trastornos del sueño. Los autores sostienen que existe relación entre la enfermedad de Alzheimer con dichos tratamientos, y aunque exista un riesgo de demencia mayor en las personas que consumen benzodiacepinas, la asociación de estos factores no está clara. El estudio ha sido publicado en la revista British Medical Journal.

    Frédérique Voisin-Demery

    El uso de Benzodiacepinas de acción prolongada podría aumentar el riesgo de padecer Alzheimer. Foto de Frédérique Voisin-Demery.

    Los participantes fueron 1.796 personas con diagnostico de enfermedad de Alzheimer que se compararon con un grupo control de  7.184 personas sanas  agrupadas por sexo y edad. Los investigadores analizaron la relación entre la exposición a las benzodiacepinas y el riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer a largo plazo durante un periodo de seis años y la correlación entre la dosis y la respuesta. En ambos grupos se tomaron muestras al azar de personas mayores de 66 años que Vivian en la comunidad.

    Los resultados mostraron que el uso de fármacos como las benzodiacepinas durante tres meses o más estaba asociado a un mayor riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer hasta en un 51%. Sin embargo, no se encontró asociación entre los participantes que  tomaron estos fármacos durante menos de tres meses. Esto significa que la fuerza de la asociación se incrementaba a mayor exposición de los participantes a los fármacos, especialmente con el uso de benzodiacepinas de acción prolongada.

    Por tanto, los autores sugieren que el uso de benzodiacepinas está asociado a un mayor riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer, por lo que estaría injustificado el uso a largo plazo de estos fármacos como tratamiento principal, ya que puede ser considerado como un problema de salud pública.

    El hatha yoga es un conjunto de ejercicios físicos posturales diseñados para alinear la piel, los músculos y los huesos. Se dice que puede abrir muchos canales del cuerpo, especialmente la columna vertebral, de modo que la energía fluya libremente. Podremos desarrollar un equilibrio de fuerza y flexibilidad y dirigir nuestra atención en la respiración, para vivir intensamente cada momento.

    En un estudio realizado por Neha P. Gothe , Arthur F. Kramer y Edward McAuley  y publicado en la revista The Journals of Gerontology se  examinaron los efectos de una intervención de 8 semanas de Hatha yoga en las medidas de la función ejecutiva y la capacidad de memoria de trabajo en personas mayores.

    Los participantes del estudio fueron un total de 118 personas con una media de 62 años de edad y un estilo de vida sedentario. Del total de participantes, 61 recibieron clases de yoga en la modalidad de hatha-yoga. La duración de la intervención fue de tres veces por semana durante ocho semanas.

    Foto de Jean Henrique Wichinoski

    El Yoga ayudaría a reforzar las funciones cerebrales, especialmente en personas mayores. Foto de Jean Henrique Wichinoski.

    El resto de participantes recibieron el mismo número de clases y con igual duración, pero dedicadas a estiramientos y ejercicios de tonificación convencionales. Todos los participantes completaron pruebas de función ejecutiva, incluyendo el paradigma de conmutación de tareas establecidas, n-back y capacidad de memoria de trabajo al inicio del estudio y en el seguimiento.

    Los resultados del estudio mostraron que tras la intervención de ocho semanas el grupo que practicó yoga fue más rápido y preciso en las pruebas de memoria,  flexibilidad mental y en la habilidad para cambiar de una tarea a otra, en comparación con su desempeño antes del periodo de intervención. Los participantes que recibieron clases de estiramientos y ejercicios de tonificación no obtuvieron cambios significativos a nivel cognitivo tras las ocho semanas. Las diferencias observadas entre ambos grupos no se relacionaban con la edad, el sexo, el nivel social ni otros factores demográficos.

    Los autores sugieren que tras estos resultados serían necesarios estudios sistemáticos más grandes para examinar a fondo los efectos del yoga en la función ejecutiva y en otros dominios de la cognición para mantener o mejorar el funcionamiento cognitivo en el proceso de envejecimiento.

    El órgano más complejo conocido es el cerebro. Ningún otro sistema presenta mayor complejidad que el encéfalo dado a la multitud de redes y conexiones que lo forman. En el cerebro, tenemos 100.000 millones de neuronas y 100 billones de conexiones, pero actualmente no hay mucha información sobre que redes son eficientes. Debido a ello los científicos intentan descubrir las conexiones que pueden mejorar otras redes artificiales.

    En un estudio publicado en Nature Physics, investigadores españoles en colaboración con otros investigadores han aportado datos relevantes al respecto. Según Santiago Canals, neurocientífico en la Universidad de Alicante, lo primero que han hecho es reducir las redes neuronales a esquemas de “bolas y rayas” para explicar su funcionamiento. Por ejemplo, tardamos fracciones de segundo en ver un coche que pasa a toda velocidad, y lo hacemos gracias a redes neuronales que están interconectadas captando el movimiento, color y forma.

    Foto de Jared Tarbell

    Podrían evitarse los fallos cerebrales con una red de nodos estable. Foto de Jared Tarbell.

    Problemas como el tráfico aéreo podrían explicarse por la teoría matemática de grafos que permite redirigir el tráfico aéreo en Europa si cierra el aeropuerto de Barajas o Frankfurt. Según Canals “estos problemas abarcaban solo una red; el objetivo es abordar una red de redes para explicar cómo conectar mejor redes a través de ejemplos tomados de la naturaleza”.

    En el estudio se ha observado que una red de redes es estable cuando los nodos tienen muchos enlaces dentro de su propia red y, además, los nodos que conectan una red con otra son similares entre sí. El equipo de Canals ha encontrado esa organización “óptima” en los cerebros de decenas de voluntarios, tanto si realizaban una tarea cognitiva o si se relajaban con los ojos abiertos. Para ver cómo se encienden los diferentes nodos neuronales y comprobar que se organizan siguiendo los mismos principios que predecían los modelos matemáticos los participantes se sometieron a una resonancia magnética funcional. Este descubrimiento también podría aplicarse para entender mejor enfermedades psiquiátricas y neurológicas.

    Florentino Borondo, matemático, sostiene que  “Todas las redes, ya sean biológicas, artificiales o sociales comparten ciertas características con las teorías matemáticas” por lo que este estudio podría comprender “cómo hacer más eficientes las redes humanas”, ya que “Conocer las conexiones cerebrales  nos puede ayudar a entender cómo este se reorganiza después de un accidente”.

    Las emociones son estados afectivos que experimentamos, reacciones subjetivas al entorno acompañadas de cambios orgánicos. Las emociones tienen un origen innato y se ven influidas por la experiencia. Su función es adaptar nuestro orgaismo dentro del entorno que nos rodea.

    La mayoría de los recuerdos que almacenamos en nuestra memoria tienen algún tipo de emoción asociada que bien puede ser negativa o positiva y que depende también de la influencia de la experiencia subjetiva que tuvimos en ese momento determinado.

    Redondo RL, Kim J, Arons AL, Ramírez S, Liu X y colaboradores han realizado un estudio con ratones en el que se ha descubierto un circuito cerebral que controla cómo los recuerdos se vinculan con las emociones.

    Foto de Aleksandar Lazovski

    Podría revertirse la asociación emocional de recuerdos específicos mediante la manipulación neuronal. Foto de Aleksandar Lazovski

    El equipo de investigadores encontró que podía revertirse la asociación emocional de recuerdos específicos mediante la manipulación de las neuronas, gracias a una técnica que utiliza la luz para controlar la actividad de las células del cerebro llamada optogenética. Los resultados obtenidos en el estudio mostraron que existe un circuito neuronal que conecta el hipocampo y la amígdala y que desempeña un papel fundamental en la asociación de la emoción con la memoria.

    Los autores del estudio sostienen que las asociaciones de las emociones se codifican en alguna parte del circuito neuronal que conecta el giro dentado de la amígdala. Por tanto, una experiencia vivida de forma negativa podría reforzar las conexiones entre el hipocampo y las células que codifican el miedo en la amígdala.

    Los autores creen que su trabajo podría ofrecer una nueva visión de los circuitos neuronales funcionales que subyacen a la maleabilidad de la memoria emocional y que en un futuro podría ayudar a desarrollar nuevos métodos que ayudaran a recordar momentos positivos con más fuerza que los negativos.

     

    La vitamina D es una vitamina liposoluble que se almacena en el tejido graso del cuerpo. Esta vitamina, es difícil de encontrar en los alimentos, ya que son muy pocos los que la contienen (por ejemplo, los pescados grasos como el atún, salmón y caballa están entre las mejores fuentes de vitamina D). Por ello, actualmente muchos alimentos son enriquecidos con esta vitamina.

    Un estudio realizado por Littlejohns TJ, Henley WE, Lang IA, Annweiler C, y colaboradores tiene como objetivo determinar si las concentraciones bajas de vitamina D se asocian con un mayor riesgo de incidencia de demencia y especialmente en la enfermedad de Alzheimer.

    Imagen de fotogiandy

    Déficits en vitamina D están asociados a un mayor riesgo de demencia en las personas mayores. Imagen de fotogiandy.

    El estudio contó con una muestra de 1.658 adultos mayores de 65 años cognitivamente sanos, capaces de caminar sin ayuda y libres de enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares al inicio del estudio. El seguimiento de los participantes para la realización del estudio duro una media de 5,6 años. En ese periodo de tiempo 171 participantes desarrollaron demencia, de los cuales 102 participantes tenían demencia tipo Alzheimer.

    Los resultados del estudio mostraron que los adultos que tenían déficits moderados en vitamina D tenían un 53% más de riesgo de desarrollar demencia de cualquier tipo, un 125% en ancianos con mayor grado de deficiencia de vitamina D. Para los participantes con EA, el grupo con un grado moderado de deficiencia de vitamina D era un 69% más propenso a desarrollar este tipo de enfermedad, y se incrementaba en un 122% en ancianos con grave deficiencia de vitamina D.

    Los autores encontraron evidencia de que hay un umbral del nivel sanguíneo de vitamina D por debajo del cual aumenta el riesgo de desarrollar demencia y Enfermedad de Alzheimer. Sostenían la hipótesis de que el umbral se situaría en 25-50 nmol/L, pero los nuevos hallazgos confirman que niveles de vitamina D superiores a 50 nmol/L están asociados fuertemente a una buena salud cerebral.

    Por tanto, sería recomendable que todos incluyéramos en nuestras dietas alimentos que contengan este tipo de vitamina.

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